
No tengo muy claro si mi falta de interés por semejante argumento ha sido por ser el único que empecé a leer por el principio, eso debió restar mi interés a la intriga de saber el final (por mi parte, claro). Además, ya me sé la historia de la trama al dedillo. Sobre todo si hablamos de la lucha desigual de un Quijote un poco grillado, viviendo en una dimensión irreal e intemporal luchando escudo en mano contra las aspas de unos rechonchos molinos manchegos.
O el pobre Sancho deslomando por su sobrepeso a un pobre burro con carilla de pena, siguiendo de aquí para allá erre que erre a su desquiciado señor. Y la buena Dulcinea, lozana ella donde las haya, que para terminar de rizar el rizo al completo se creía hasta una bella princesa (que maja ella). Pues eso, que Aldonza se pasaba el rato en la ventana esperando a su esbelto caballero, claro, cuando le daban a la pobre su media hora de descanso para el bocata, ese ratillo que dejaba el delantal, de servir sabrosas pitanzas y buen vino peleón en el mesón, (dicen las malas lenguas que Dulcinea era una de tantas irrealidades, alucinaciones de Don Quijote, pero otras malas lenguas dan por hecho que entre el Don y la Dulci hubo más que palabras en un castellano antiguo).
Que yaaa, que me he saltado algunas cosillas pero, ¿no creéis que tampoco es cosa de destripar ahora todo el tocho de libro para el que no lo haya leído a estas alturas de la película?.
21.11.08 20:35
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